En 2026 ya casi nadie pregunta si la función de auditoría interna usa IA. La pregunta útil es otra. Quién la usa, para qué y con qué reglas.
Gartner publicó en septiembre los resultados de un sondeo hecho en un webinar a 161 directores de auditoría interna en mayo de 2026. El 93 % dice usar la IA en algún grado. Pero el 60 % no tiene una estrategia formal de IA, solo el 15 % ha implantado casos de uso definidos y organizados y el 54 % aún no ha empezado a medir el retorno de su uso de la IA. En torno a la mitad describe un uso individual y ad hoc de una o varias herramientas.
Un mes antes, otro sondeo de Gartner, también en un webinar y esta vez con 743 profesionales de auditoría, apuntaba en la misma dirección. Menos de un tercio, el 30 %, usa la IA en las pruebas de auditoría. El uso se concentra en redactar incidencias e informes, revisar borradores y preparar los trabajos. Son sondeos hechos en webinars y las notas no dicen de qué países son los participantes, así que conviene leerlos como una señal y no como un censo.
Lo que hay detrás del uso individual
Que cada auditor tenga su asistente produce ahorros reales y pequeños. Un borrador antes, un resumen más rápido. Lo que no produce es algo que el departamento pueda gobernar. Nadie sabe qué datos se han subido, qué instrucciones funcionan, qué resultado se revisó y cuál no. Y lo que hace bien una persona se va con ella cuando cambia de equipo.
El analista de Gartner que firma la nota de agosto lo dice sin rodeos. El uso actual se centra menos en casos estratégicos de auditoría y más en mejoras moderadas de productividad, y por eso una adopción alta no se está traduciendo en una transformación de los procesos de auditoría.
Cien auditores con un asistente cada uno no son una capacidad de IA. Son cien maneras distintas de trabajar.
Del asistente individual a una capacidad del departamento
El paso no es comprar más licencias. Es convertir lo que ya funciona en algo gobernado y repetible.
- Un inventario de usos reales. Qué se usa hoy, para qué tareas y con qué datos. Sin esa foto, la estrategia se escribe sobre lo que se supone.
- Pocos casos de uso, bien definidos. Cada uno con su tarea, su entrada, el resultado esperado y quién lo revisa. Los que entran en el programa de trabajo, como las pruebas sobre poblaciones o la preparación de papeles, valen más que la redacción suelta.
- Reglas de datos y de revisión. Qué información puede entrar en cada herramienta y qué resultado necesita una revisión humana antes de pasar a un papel de trabajo.
- Una medida del valor. Horas, cobertura o plazos, elegida antes de empezar. Si nadie mide, la conversación sobre el presupuesto será de opiniones.
- Un responsable. Alguien del departamento que mantiene los casos de uso, recoge lo que falla y decide qué se retira.
Las Normas Globales de Auditoría Interna dan el marco para esa conversación. La Norma 10.3 exige al Director de Auditoría Interna procurar que la función cuente con tecnologías apropiadas, evaluarlas de forma regular, formar al equipo cuando se implanta una nueva y comunicar a la Alta Dirección y al Consejo el impacto de las limitaciones tecnológicas. Una estrategia de IA del departamento es, en buena parte, la forma ordenada de cumplir esa norma.
Ya vimos dónde está el valor real de la IA generativa en auditoría y qué línea no debería cruzar en la paradoja del auditor. Lo que muestran los datos de 2026 es que el reto ya no es adoptarla. Es organizar lo que se ha adoptado para que el trabajo resultante se pueda revisar, medir y repetir.